Pensar es un acto revolucionario
¡La zona de confort nos tiene jodidos!
¿Qué tanto porcentaje de nuestras labores hacemos realmente a conciencia y qué tanto estamos relegando a la IA? ¿Estamos cayendo en un vacío de facilismo donde jugamos solamente a escribir prompts y recibir respuestas? ¿Está usted en el lado oscuro de la IA y aún no lo ha notado?
Lejos de abordar este tópico como algo meramente filosófico, existen investigaciones reales que hablan de tres grandes riesgos que la mala implementación de la IA puede traer al mundo laboral: la homogeneización del pensamiento, el estancamiento de habilidades (skills atrophy) y el bloqueo del crecimiento profesional.
El efecto de homogeneización (The Homogenization Trap)
Esto, en pocas palabras, habla de la falta de creatividad.
Cuando se recurre a la IA (de mala forma) en procesos creativos, muchas veces no se tiene en cuenta algo importante: la IA no es un ser pensante. En un concepto MUY simple, la IA funciona como un buscador dentro de un mar gigantesco de información, conectando ideas y conceptos según el entrenamiento que recibió.
En ese orden de ideas, TODAS van a terminar entregando ideas similares. No importa si una es china, otra utiliza chips NVIDIA o si es el último modelo lanzado la semana pasada.
Por eso es tan importante alejarnos del mal uso: de aceptar la primera respuesta, de no cuestionar, de no ser críticos.
¿Han notado cómo todas las imágenes creadas por IA empiezan a verse iguales? ¿Cómo muchos textos tienen exactamente la misma estructura? ¿Y cómo, mágicamente, todos los artículos comenzaron a incluir emojis?
La IA no piensa por usted. Solo la verdadera creatividad puede ser disruptiva en un mundo lleno de patrones “creativos”.
Atrofia de habilidades y pérdida de autonomía
Este punto habla de algo por lo que muchos ya hemos pasado: caernos, rasparnos, frustrarnos, decepcionarnos, pasar horas bloqueados creativamente, no poder resolver un bug o no encontrar el texto correcto.
TODO eso nos hace crecer.
Ese proceso incómodo es precisamente el que nos ayuda a dejar de ser junior en lo que sea que hagamos.
Ahora bien, ¿qué pasa con los nuevos talentos? ¿Serán capaces de superar los mismos escenarios teniendo una herramienta que “les solucione” los problemas? ¿Se convertirán en profesionales dependientes de una herramienta que, en determinado momento, podría dejar de funcionar?
Y más importante aún: ¿serán capaces de auditar la calidad del resultado o de proponer una visión estratégica propia cuando el sistema falle?
Pasivización de la creatividad humana
Acá se habla de cómo, al tener respuestas tan fáciles e inmediatas, se pierde la necesidad de investigar a fondo.
Se debilita el hábito de indagar, de cuestionarnos si la información que tenemos realmente es válida o aplicable para nuestro contexto.
Poco a poco, los profesionales comienzan a convertirse en consumidores pasivos de respuestas generadas por un algoritmo que NO PIENSA.
En resumen
La IA no es realmente mala para la creatividad.
Lo que busco con este artículo es crear una alerta. Evitar que todo termine convirtiéndose en un único patrón repetitivo y que usted, como profesional, pierda esa esencia que lo llevó hasta donde está hoy.
Es una invitación a ser autocrítico con su trabajo.
Y si usted es junior: no se salte los procesos. Viva, experimente, frústrese, aprenda y crezca con el proceso.
Porque pensar sigue siendo una de las habilidades más valiosas que tenemos.
“Seamos revolucionarios”.
En un nuevo mundo lleno de patrones e ideas planas, seamos disruptivos. Seamos revolucionarios.
